
Por Francisco J. Martínez Ortuño
Cofrade de la Real Cofradía de Ntra. Sra. del Dolor,
Ntro. Padre Jesús de la Misericordia y Cristo del Gran Poder
Señor presidente de la Junta Directiva de la Asociación de Cofradías y Hermandades. Señores presidentes de Cofradías y Hermandades. Señor presidente de la Asociación de Peñas de Tamborileros. Señor alcalde de Hellín. Miembros de la Corporación.
Querido don Victoriano, “vecino del año”. Hermanos cofrades, amigos, hellineros…..
Antes de iniciar el Pregón de esta Semana Santa de Hellín de 2009 quiero agradecer las palabras a la presentadora. Gracias Esperanza. Quisiera, también, hacerles llegar a todos mi saludo más afectuoso y expresarles que me siento muy agradecido por el hecho de haber sido designado por la Asociación de Cofradías y Hermandades pregonero de la Semana Santa.
Les reconozco que intenté negarme porque me considero más una persona de gestión y de números que de palabra y oratoria y sobre todo porque, después de tantos años de presencia personal en la Semana Santa Hellinera y de asistir a unos cuantos pregones, consideraba que no podría, ni de lejos, estar a la altura de ilustres antecesores como: Antonio Andújar, Juan Andújar, Tomás Preciado, Juan Bravo, Pilar Serra o más recientemente Antonio Ruescas, el padre Carrillo, José Alarcón o José Herreros, sólo por citar a unos pocos, con los que, además de vínculos familiares o de amistad, me unen los del respeto y admiración.
Pero lo consideré un honor y no aceptarlo, un desprecio que no le podía hacer a mi Semana Santa. Así me lo hizo ver un buen amigo y con humildad, lo acepté, mientras me encomendaba a la Virgen María bajo las tres advocaciones que, al final, les diré.
Así que vamos a ello.
1.- IMPORTANCIA DEL MENSAJE DE JESÚS
La Fe de los cristianos, la Fe con mayúsculas, es un don individual que tiene muchas manifestaciones colectivas; aunque lo uno y lo otro sólo tienen sentido si es en relación con nuestros semejantes, sean creyentes o no. Por eso creo que si es bueno que los cristianos, individualmente, profundicemos en nuestra Fe mediante el estudio, la oración, la meditación o la vida religiosa, también lo es que asistamos y participemos en las manifestaciones colectivas de la vida cristiana.
Estas manifestaciones suelen ser recuerdos de pasajes importantes de la vida de Jesús, algunas de las cuales han superado las fronteras de los cristianos y son referencia en todas las confesiones religiosas. Así, el 25 de diciembre, Día de la Natividad del Señor, es mundialmente conocido como el Día de la Paz.
No hace falta explicar mucho para entender que, si Jesús no hubiera nacido, el mundo, hoy, sería bien distinto. Pero también lo sería si no hubiera muerto por redimirnos. Creo que lo que hizo trascendente el Mensaje de la Vida de Jesús, lo que ha permitido que su Palabra permanezca durante más de veinte siglos fue, precisamente, su Pasión, su Muerte y su Resurrección.
El contenido del Mensaje, su Palabra y el ejemplo de su Vida afectan, no sólo a los creyentes, sino también a los no creyentes y a toda la Humanidad. Está presente en nuestras costumbres, en nuestras tradiciones, en nuestras leyes, en nuestras vidas y no podemos pensar, ni actuar sin tenerlos en cuenta. Conceptos como paz, solidaridad, igualdad, respeto a la vida, familia, justicia, protección de los débiles, sentido del bien y del mal, dignidad, libertad y un sin fin de conceptos que impregnan las leyes y costumbres del mundo occidental tienen su raíz en la Pa- labra de Jesús. Es más, los mensajes de Jesús e incluso las Tablas que Dios entregó a Moisés tienen una estrecha relación con la Declaración de Derechos Fundamenta- les de la ONU de 1948. E incluso el recientemente elegido presidente de los Estados Unidos juró su cargo sobre la Biblia. La misma sobre la que juró Abraham Lincoln, en la que están los Textos Evangélicos. Por eso, las concepciones divinas y humanas de Jesús han sido importantes, son importantes, en nuestras vidas, independientemente de que seamos creyentes o no. Forma parte de la forma de ser, sobre todo, del mundo occidental. Es bueno que lo recordemos y es bueno que lo celebremos.

El recuerdo de aquellos días en los que Jesús padeció, murió y resucitó fue tomando forma en torno a “La Semana Santa”, que el mundo cristiano conmemora de forma significativa, aunque con distintas intensidades y maneras. En esta España nuestra, incluso, se vive de forma diferente. Si en Castilla y León es austera y sobria, en Andalucía se vive de forma apasionada. Pero en cualquier caso, la celebración de la Semana Santa forma parte de nuestras costumbres más ancestrales, aunque muchos no sepan ni por qué, ni qué significado tiene.
Cuentan, no se si es verdad o un cuentecillo, que estaba el abad del Monasterio de Silos presenciando una procesión en la Semana Santa de Sevilla mezclado entre el público asistente. Tuvo la suerte de caer al lado de un lugareño de una presencia imponente: alto, rostro moreno, pelo negro ensortijado, traje oscuro, camisa blanca, corbata negra… Cuando se inició el desfile procesional recibió el primer paso con un recogimiento absoluto, con el paso de las siguientes imágenes se le iluminaba el rostro mientras musitaba una oración, luego pasó La Macarena y se arrancó con una saeta; pasó el Cristo de los Gitanos y se recogió de nuevo, santiguándose unas cuantas veces. Ya mediada la procesión pasó un grupo escultórico en donde se apreciaba la presencia de Poncio Pilatos. En ese momento su rostro se transformó lleno de ira; por su boca salían improperios e insultos mientras gesticulaba con todo tipo de aspavientos. Sorprendido el abad por este contraste y, una vez hubo terminado de pasar el grupo escultórico, le interrogó, respetuosamente, sobre el cambio de actitud. El sevillano lo miró de arriba abajo y reconociendo su autoridad eclesial le contestó: Monseñor, es que ese hombre ¡estuvo a punto de dejarnos sin Semana Santa!
Pues eso, que las costumbres son tan antiguas que, a veces, pierden su auténtico significado. Y creo que deberíamos hacer que, en nuestros corazones, todas las semanas del año fuesen Semana Santa para mantener vivo e intacto el mensaje de Jesús.
2.- MÁS QUE UNA CELEBRACIÓN E “IN MEMORIAM”
No sé desde cuando los hellineros celebramos así la Semana Santa.
Permítanme que me considere hellinero, pues aunque no soy nacido aquí, mis padres, él de Albacete y ella de Letur, fijaron en Hellín su residencia cuando yo apenas contaba con 18 meses de vida y mi hermano, Fernando, cinco. Aquí me crié; aquí nacieron mis hermanas Maribel y Carmina; aquí me casé; de aquí son un montón de mis amigos, de esos que permanecen para siempre y que tienen su origen en la infancia o en la época de las pandillas de finales de los sesenta; y vengo en numerosas ocasiones a Hellín a visitar a mis suegros o por motivos profesionales. Motivos, que tengo el privilegio de compartir con dos amigos de aquellas épocas, como son Ángel Romero y Toni Fernández.
Pero siempre, siempre, he estado presente en Semana Santa. En todos los años de mi vida, desde que tengo uso de razón, sólo he faltado a la Semana Santa de Hellín en una sola ocasión. Y nunca me he arrepentido lo suficiente. Algunos historiadores datan los primeros desfiles penitenciales hacia 1411, tras la visita de San Vicente Ferrer. En estos desfiles, un pequeño grupo de tambores abría paso a los penitentes. No sé si éste es su origen real o no, pero para nosotros, para nuestros abuelos, y para los abuelos de nuestros abuelos La Semana Santa de Hellín siempre ha tenido dos ejes fundamentales: Procesiones y Tambores. Sin embargo, en la actualidad, La Semana Santa es mucho más. Y es mucho más, en el tiempo, porque para los hellineros, la Semana Santa no se ciñe a una sola semana, sino que su preparación, su organización y la cantidad de actos que lleva consigo, está presente en la vida hellinera durante casi todo el año. Básicamente, la Semana Santa de 2009 comenzó a prepararse al día siguiente del Domingo de Resurrección del 2008. Y es así porque los hellineros lo queremos.
Veinticinco cofradías, hermandades, y archicofradías semanasanteras, con un número superior a la treintena de grupos escultóricos, agrupan a más de cinco mil nazarenos, mil quinientos costaleros y más de trescientos músicos. Si añadimos camareras, mayordomos y manolas, más del veinticinco por ciento de la población hellinera desfila durante la Semana Santa en sus procesiones. ¿Y cuántos tamborileros quieren que pongamos en cada una de las tres tamboradas oficiales? ¿diez mil? ¿quince mil?
No es exagerado decir que todo el pueblo de Hellín está vinculado, estrechamente, a su Semana Santa. Quizá por esta razón el Himno de Hellín menciona, no sólo a nuestra patrona la Virgen del Rosario, sino también a La Dolorosa y al redoblar de tambores al pie de la Cruz.
Por eso, la Semana Santa es grande y ha trascendido nuestros límites comarcales, porque es la expresión de todo un pueblo. Ha llegado tan lejos que, hoy ya tiene Interés Turístico Internacional.
Pero, además, la Semana Santa está viva, crece, evoluciona y como todo ser vivo crea dificultades. En 2003 se incorporó la Cofradía de La Sentencia y en 2006 la Hermandad de la Santa Cena. Y se están preparando otras como el Santísimo Cristo de la Clemencia, el Sagrado Descendimiento de Nuestro Señor Jesucristo, el Cristo del Desenclavamiento y los tamborileros penitentes y el Traslado al Sepulcro con Nuestra Señora de la Esperanza. Cuatro nuevas cofradías que obligará a replantearse recorridos, duraciones, momentos procesionales, etcétera. Y todo ello, siempre teniendo en cuenta los Textos Evangélicos y los Estatutos de la Asociación.
La Semana Santa es mucho más, también en otros aspectos. Además de los desfiles procesionales y los tambores, es cultura. Y es cultura porque es la imaginería hecha arte, porque es música, porque es reencuentro de amigos y familiares, porque es gastronomía, porque es volver a las raíces, porque es recogimiento, porque es penitencia y porque es fiesta. Nadie se siente extraño en Hellín, nunca, pero menos en esas fechas, ni los creyentes ni los no creyentes. Si antes les decía que la Semana Santa de Castilla era sobria y austera y la de Andalucía era apasionada, creo que la de Hellín es respetuosa y participativa
Es necesario hacer una mención especial a nuestra imaginería. Los nombres de Fernández de Andes, Coulláut Valera, Víctor de los Ríos o Mariano Benlliure, entre otros, forman parte de ese grupo de artistas semanasanteros que han dotado a nuestra imaginería de unas tallas de inigualable belleza. Comparables con las mejores imágenes del mundo, han sabido plasmar el dolor, el sufrimiento, la pena y la angustia de María y Jesús y sus seguidores en aquellos días que cambiaron al mundo. En agradecimiento, Hellín les ha dedicado calles y plazas.
Quisiera en este momento tener un recuerdo especial para José Zamorano, nuestro escultor local recientemente fallecido. Sus tallas están a la altura de las mejores y ha sido una pieza fundamental en el desarrollo de la Semana de Pasión, ya que, si no me equivoco, ha esculpido casi un tercio de los grupos escultóricos que desfilan en la actualidad. Su nombre ha quedado vinculado para siempre a Hellín.
Es de justicia reconocérselo, y así lo ha hecho la Asociación de Cofradía y Hermandades al organizar una procesión, en este mes de marzo, en la que han desfilado todos los grupos escultóricos que llevan su firma.
Creo que éste es el momento para hacer dos menciones especiales.
El primero, para don Lázaro Falcón, un religioso ejemplar que nos ha dejado hace escasísimas fechas y que siempre ha tenido una estrecha vinculación con nuestra ciudad y en especial con nuestra patrona, la Virgen del Rosario, al que le gustaban, sobre todo, las procesiones de nuestra Semana Santa. Mi familia, mis padres, siempre, tuvieron una estrecha relación con él.
En segundo lugar, también quiero tener una mención especial para Mari Cielos y su familia, quien vive aterrada y desconsolada por no saber cual ha sido su destino. A todos nos gustaría reencontrarla para que pudiera disfrutar de las procesiones y tambores de nuestra Semana Santa.
3.- RECUERDOS, VIVENCIAS Y DEDICATORIAS
Mis primeros recuerdos de la Semana Santa están, necesariamente, vinculados a mis padres.
Mi padre solía salir de penitente en la procesión del Santo Entierro, el Viernes Santo por la noche. En alguna ocasión le acompañé siendo un niño. Recuerdo que no aguantaba todo el trayecto, y que mi madre, que solía ver las procesiones en casa de Pepe Morales y Juanita Andújar, me retiraba de ella cuando pasábamos por allí, con un gran descanso para mí y para mi padre. Cursé los estudios de Primaria en Los Capuchinos y allí es donde acabé embrujado, absolutamente, por la Semana Santa. Me hice cofrade de Nuestra Señora del Dolor. Recuerdo que acompañé a mi madre al sastre para las pruebas de la túnica y que faltando unos días para el Jueves Santo no tenía capuz porque todos me venían gran- des. Un buen día, mi padre apareció con un capuz recién traído de Albacete y era tal la premura de tiempo que mi madre me cosió la tela del capuz, el mismo día de la procesión. A ellos les debo, además de muchas otras cosas, mi Fe y el cariño por la Semana Santa y a ellos ofrezco, en primer lugar, este Pregón.
Ninguno de ellos está ya con nosotros, pero sé que, desde el cielo, sonreirán al oír mi ofrecimiento y verme en la misma Iglesia que me casé y celebré las Bodas de Plata y en este Hellín, donde ellos echaron raíces y formaron su familia. Luego vino un largo peregrinaje en función de nuestros estudios. Albacete, Valencia, Barcelona, otra vez Valencia y, por ultimo, otra vez Albacete. En este largo peregrinaje, siempre hemos vuelto todos los años a Hellín, en verano, en Navidad, en Feria….pero siempre, siempre como mínimo, en Se- mana Santa Tuve, además, la gran fortuna de enamorarme y casarme con una hellinera y todo fue más fácil. Cuando, defnitivamente, fiamos nuestra residencia en Albacete, decidí que ya era hora de recuperar mi vieja militancia en la Cofradía de Nuestra Señora del Dolor. Pura, mi mujer, recogió la antorcha de mi madre y me acompañó a las pruebas de la túnica y esta vez sí: encontré capuz a la primera Pues sí. Soy en la actualidad cofrade de Nuestra Señora del Dolor, Nuestro Padre Jesús de la Misericordia y Cristo del Gran Poder y desfilo todos los años, procuran- do hacerme el remolón en la organización de las fi las, para estar lo más cerca posible de la Virgen.

Perdónenme si hago una mención a mi cofradía, pero creo que es mi obligación y además es mi devoción. Sé que no se ofenden, porque el cariño que le profeso yo a mi cofradía es el mismo que el de cada uno de ustedes a la suya. Para mí, como para la mayo- ría de ustedes, la Semana Santa es mi Cofradía, nuestra Cofradía. La Cofradía de Nuestra Señora del Dolor, Nuestro Padre Jesús de la Misericordia y Cristo del Gran Poder, lo mismo que la Semana Santa, ha tenido su evolución. Re- cuerdo que los primeros años de mi vuelta, el trono de la Virgen no llevaba costaleros, sino un motor a gasoil que se paraba en las cuestas arriba. Era preciso, que además del conductor, fuesen tres o cuatro personas más debajo del trono para empujar cuando aquello amagaba con pararse y también se pueden imaginar que cuando se acababa la procesión, los que iban debajo atufaban a gasoil, que no se quitaba ni en tres días. Alfredo Frías y José Miguel Juárez saben algo de eso.
Hoy sin embargo, el motor ha sido sustituido por costaleros y da gusto verlos. Su forma de desfilar, al estilo andaluz, les ha dado una personalidad propia dentro de nuestra Semana Santa. Ellos se sienten orgullosos de llevar a sus imágenes y todos nosotros nos sentimos orgullosos de ellos. Y nos sentimos orgullosos, todos, de más cosas.
Así, año tras año, cuando en la mañana del Jueves Santo me doy una vuelta por los Capuchinos y como siempre están preparando los pasos, antes Luis Miguel Gambín y ahora Carlos María López, me ponen al día de las mejoras que, poco a poco, se van introduciendo en los Tronos. Lo hacen con sencillez, pero con indisimulado orgullo. Y, por último, nos sentimos orgullosos, yo también, de que el pasado 23 de febrero se hiciera público que la Casa de Su Majestad el Rey ha concedido la autorización para que se añada el título de “Real” a nuestra actual denominación. Una distinción que también poseen la Cofradía de El Prendimiento y la del Cristo Crucificado y Santísima Virgen de las Angustias. Lo que empezaron mis padres, lo han continuado mis suegros. En casa de Antonio y Maruja, estos días de Semana Santa también son especiales. Con ellos hemos compartido la parte más religiosa de la Semana de Pasión asistiendo a los Oficios, Vía Crucis, visita a los Monumentos, Misa Pascual…
En su casa, acogen, no sólo a nosotros, sus hijos, sino a los nietos, a los amigos de los nietos y hasta a los amigos de los amigos de los nietos. En alguna ocasión he oído algún comentario, cuando nos sentábamos a comer, que Maruja le decía a Antonio: “¿Y ese quién es?” o “ Hay alguien durmiendo en la sala de espera, que no conozco”. En fin que, como en cualquier hogar hellinero, todo se puede arreglar con unos colchones al suelo, unas grandes fuentes de empanadillas y moje y una buena olla de panecicos. A ellos, también, con todo mi cariño, les dedico este pregón.
Y también se lo dedico, a mi mujer, Pura y a mis hijos, Javier, Alejandro y Nacho. Para nuestra familia, no existe el más mínimo problema a la hora de planifcar las vacaciones de Se- mana Santa. No queremos playa, ni montaña, ni viajes, ni ninguna otra alternativa que nos impida estar en Hellín. La única duda es si podremos venir el martes o el miércoles, pero desde luego, en la primera Tamborada tenemos que estar. Los tres son tamborileros e incluso Nacho, el pequeño, también es cofrade de la Virgen del Dolor. Se juntan con primos y amigos y disfrutan de todas las tamboradas, y como jóvenes que son, hasta el Calvario el viernes y hasta el Encuentro el domingo. Mi mujer y yo, sobre todo ella, a quien le adornan las mejores cualidades de la mujer hellinera, hemos procurado transmitirles el mismo cariño por la Semana Santa de Hellín, que nos transmitieron nuestros mayores.
Y todos los años le pedimos a Dios que no les desaparezca nunca este embrujo que ahora tienen. Porque eso nos ayuda a seguir viniendo nosotros y porque nos gustaría que cuando nosotros faltemos, sigan enamorados de la Semana Santa, sigan enamorados de Hellín y sigan viniendo.
4. LOS SILENCIOS
Puede que a la mayoría de los visitantes de Hellín en estos días, consideren que la Semana Santa es ruidosa porque la identifican con La Ciudad del Tambor. Identificación que, por cierto, bien ganada la tiene. Pero, a mí me siguen impresionando, y cada año más, sus silencios. ¿Es posible destacar los silencios en medio de tanto fragor?
Pues sí. A veces pienso que acabaré acostumbrándome, pero no; cada año es nuevo, cada año es más intenso y cada año descubro alguno distinto.
Me sigue impresionando cuando en cualquiera de sus tamboradas, te apartas del trayecto “oficial” de El Jardín al Rabal, te deslizas por La Portalí, por la calle Perier hasta los Franciscanos, o bien subes, tarde, por San Roque hacia el Calvario, o bajas, en dirección al Parque, hacia El Encuentro. Siempre hay un momento en que descubres el silencio. Sólo roto por algún otro tambor, probablemente en el mismo trance.
En ese momento el ruido desaparece, te reencuentras con tu propio tambor y estableces un diálogo con él.
Rítmico, suave, cadencioso….
Y poco a poco vas recuperando los sones y repiqueteos de antaño.
En medio del silencio, en comunión con tu propio tambor, te va invadiendo, por toda el alma, una sensación de satisfacción interior, que quizá sólo la entienda un hellinero.
Me sigue impresionando el silencio del patio de los Capuchinos, en la tarde del Jueves Santo, cuando sus costaleros sacan las imágenes, nuestras imágenes. En las siempre difíciles maniobras de salida de Nuestro Padre Jesús de la Misericordia y del Cristo del Gran Poder se hace en un silencio expectante que se ve culminado cuando los costaleros sacan a la Virgen del Dolor, ¡de rodillas!
Es tal el silencio, que se oyen los piropos que le dedican para ofrecerle su sacrificio y sufrimiento personal: ¡Virgen, guapa!,
¡Virgen, guapa! Apenas se oye, mezclado con el sonido del arrastre de sus rodillas por el suelo.
Y a las pocas personas que tenemos el privilegio de verlo desde dentro, se nos pone el corazón en un puño.
Después vendrá el grito de: “Ánimo valientes, ¡al cielo con Ella!”.
Me sigue impresionando el silencio del Rabal cuando va entrar el Cristo Yacente, en la noche del Viernes Santo.
Se oyen los pasos de la escolta de la Guardia Civil, que ya vienen por mitad de Benito Toboso.
Después vendrá el escalofriante ruido de las sillas, porque el público lo recibe, puesto en pie.
Creyentes o no, practicantes o no, todo el mundo muestra respeto por el Hijo de Dios hecho Hombre que ha muerto por redimirnos.
Me sigue impresionando, cuando esa misma noche del Viernes Santo, desde la Plaza de la Iglesia, se oye la campana de La Soledad, que viene por mitad del Rabal. ¡Ay, esa campana de La Soledad que despierta los corazones más dormidos! Es como si el tañido de esa campana no sólo diera órdenes, sino que proclamara a los cuatro vientos el sufrimiento de la Madre que ha perdido a su Hijo.
San Juan y El Yacente ya esperan al pie de la escalinata.
Va a tener lugar el momento más triste y definitivo.
En la fría madrugada del ya Sábado Santo, suenan redobles de tambor y clarines que tocan a Oración.
La Madre y El Amigo se despiden de Cristo por última vez.
Luego vendrá la entrada de la Soledad en la Iglesia y por último los acordes del Himno Nacional y el público que prorrumpe en aplausos.
En ese momento mágico, adquiero el firme compromiso de volver el año que viene a la Semana Santa de Hellín y le pido a Dios que me ayude a cumplirlo. Aún queda la tamborada del sábado, El Encuentro y la alegría de la Resurrección, pero mi compromiso queda sellado en el momento en el que La Soledad entra en la Iglesia.
Yo creo que mi mujer hace lo mismo porque tiene un brillo especial en sus ojos. Y ambos sabemos, sin decírnoslo, que estamos comprometidos para venir el año que viene.
Y por último me ha impresionado estos últimos años, porque es relativamente nuevo, el silencio del momento del Encuentro.
En el Domingo de Resurrección, La Dolorosa y el Resucitado van camino de la Explanada del Recinto Ferial.
Éste se encuentra a rebosar de tamborileros que llevan toda la noche tocando y lo tocan de forma enardecida porque quedan pocas horas para colgar el tambor hasta el año que viene. Cada uno entra por un lado de la Explanada para juntarse en el centro. En el momento del encuentro los tambores callan y estalla un estruendoso silencio. Por espacio de unos segundos, en medio del gentío, se oye hasta el trinar de los pájaros. Luego se abre la piña, las palomas inician el vuelo y los tambores, al unísono, vuelven a tocar, de tal forma que ni se escucha la traca festiva. Es una muestra más del res- peto de todos los presentes por el otro momento cumbre de la vida de Jesús: su Resurrección. Pasión, Muerte, Entierro, Resurrección….. Tambores, Desfies Procesionales, Oficios Religiosos, encuentros familiares…
Así conmemora la Semana Santa un pueblo, en el que casi todos están convencidos que la muerte no es el final y que la Resurrección de Cristo es “el principio”. La expresión de todo un pueblo volcado con sus Fiestas Mayo- res, en las que predomina el respeto, la convivencia, la participación y la igualdad. Y es que tanto la túnica nazarena, como la tamborilera hacen a todos los hombres y mujeres, aquí en la tierra como lo son ante Dios: iguales. Pueblo a quien dedico, por último, el presente Pregón.
5.- ANUNCIO Y FINAL
Ya termino, porque se acaba el tiempo que me han sugerido y porque debo evitar el dicho de que “cuando el orador ve que los cuerpos se remueven en los sillones, es que ya no se mueven los corazones”, pero me dejo en el tintero muchos pasajes y muchos sentimientos sobre nuestra Semana Santa, y que daría para muchos más pregones.
No en balde, llevamos desde mitad del siglo pasado, al menos, hablando, escribiendo, leyendo, viviendo y disfrutando nuestra Semana Santa, duran- te cincuenta y nueve pregones. Y, precisamente fue en el año de mi nacimiento, en 1950, cuando lo escribiera el ilustre periodista y poeta hellinero Antonio Andújar.
Y precisamente, también, la Real Cofradía de Nuestra Señora del Dolor, Nuestro Padre Jesús de la Misericordia y Cristo del Gran Poder, cuenta con el segundo pregonero de su historia. El primero fue el fundador de nuestra Cofradía don Antonio Millán Pallarés, quien tuvo un importante papel en el resurgir de la Semana Santa hellinera allá por los años setenta y el segundo, este humilde pregonero que les habla al que, ya, se le acaba su turno. Pregón es, según una de las acepciones de la Real Academia de la Lengua, “discurso elogioso en el que se anuncia al público la celebración de una festividad y se le incita a participar en ella”. Los elogios ya están hechos. Son mis sentimientos.
Con toda probabilidad, cortos y mal expresados, pero desde luego, auténticos. Así que sólo queda el anuncio.
Les anuncio la llegada de la Semana Santa de Hellín del 2009. Anuncio, ahora, que ya fue declarada de Interés Turístico Internacional, que Hellín abre sus puertas y su corazón, de par en par, a todo el mundo, para que vengan a celebrar la próxima Semana Santa del 3 al 12 de abril. Para que vengan a celebrar, aquí, la conmemoración de aquella Semana Trágica, que cambió el destino de la Humanidad.La llegada de la Semana San- ta en Hellín es siempre una buena noticia, porque es única por su personalidad, porque es universal, ya que cabemos todos y porque es repetida año tras año. Cuando llega, es la culminación de la esperanza de todo un pueblo.
¿Hay mejor noticia que la llegada de algo de lo que nos sentimos orgullosos todos? Participen en ella, respétenla y disfrútenla. Y quedarán cautiva- dos por su embrujo. Les aseguro que me siento afortunado.
He tenido el privilegio de haber pronunciado este Pregón. Y si ha posible es porque, en el cielo, además de mi madre terrenal, he contado y cuento, con la ayuda de la Madre de Jesús bajo una triple advocación: La Virgen de Los Llanos, Patrona de la ciudad donde nací y donde vivo. La Virgen del Rosario, Patrona de la ciudad donde crecí. Y La Virgen del Dolor, que es la Patrona de mi corazón.
Y es que como dice nuestro himno y no puedo ni quiero evitar: “Mi patria es España y mi pueblo es Hellín”
Ha sido todo un honor, muchas gracias y buenas noches.


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